Seguridad alimentaria y agua, prioridad para pueblos fronterizos en América Central

“Para que nuestros ríos lleguen sanos al mar”

Acceso al Recurso Hídrico

La esperanza del salvadoreño Cristian Castillo de cosechar tomates, en un municipio del Corredor Seco Centroamericano, pendió de un hilo cuando se le secó el pozo con el que regaría su sembradío, pero el entusiasmo volvió desde que un proyecto regional le enseñó a cosechar agua de lluvia, para cuando comiencen las tormentas, en mayo.

“Estamos esperando mayo para comenzar a captar el agua de lluvia y empezar de nuevo con los cultivos”, dijo a IPS Castillo, de 36 años, oriundo del caserío Paraje Galán, un asentamiento rural de 400 familias, del distrito de Candelaria de la Frontera, en el oeste de El Salvador.

Ese distrito se localiza en el llamado Corredor Seco Centroamericano, donde el agua siempre es escasa. Esa escasez golpea la agricultura, ganadería y otros medios de vida de las familias campesinas.

El Corredor, de 1600 kilómetros de largo, cubre 35 % de América Central y en esa franja habitan más de 10,5 millones de personas.

En ese cinturón más de 73 % de la población rural vive en la pobreza y 7,1 millones de personas sufren inseguridad alimentaria grave, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

América Central es una región de siete naciones, con una población de 50 millones de habitantes y de grandes carencias sociales.

“Aquí tenemos pozos artesanales, pero ya no dan abasto, y cuando vino el proyecto de agua nosotros encantados de la vida, porque ya íbamos a tener agua todo el tiempo”: Gladis Chamuca.

No obstante, Candelaria de la Frontera y los caseríos que lo circundan son parte de la Mancomunidad Trinacional Fronteriza Río Lempa, un esfuerzo regional, no gubernamental, que aglutina en total a 25 municipios: 11 de Guatemala, 10 de Honduras y cuatro de El Salvador.

Por su cercanía, esas localidades han decido unir fuerzas para impulsar proyectos de desarrollo sostenible en sus territorios. Los gobiernos locales son la médula de la iniciativa, pero en su operatividad y gestión ejecutiva y administrativa participan como empleados profesionales en varios campos.

Agua para la seguridad alimentaria

Proyectos de seguridad alimentaria y de gestión integral y gobernanza de las aguas, entre otros, son los que impulsa esa iniciativa en esta región del corredor, donde producir alimentos siempre es un desafío, por la falta de agua.

Gracias a esos programas, Castillo, como decenas de otras familias, recibió la mayor parte de los materiales para construir un tanque de captación de agua, cuyo techo de lámina será la superficie que “cosechará” el agua lluvia y la redirigirá al tanque con capacidad para almacenar 10 metros cúbicos, equivalentes a unos 50 bidones de agua.

“Toda esa agua lluvia recolectada la bombearé hacia la parte de arriba de la propiedad donde está el cultivo de tomate”, sostuvo Castillo, sentado junto al tanque, que ya está construido y solo falta levantar el techo.

Castillo calcula que, con ese sistema, su propiedad, de casi una hectárea, puede llegar a producir en toda la cosecha unas 100 cajas de tomates, de 13 kilogramos cada una, los que espera comercializar y generar ingresos para su grupo familiar: su esposa y tres hijas, de 4, 11 y 13 años.

El sistema de cosecha de agua también le permitirá ahorrar los 40 dólares que paga mensualmente al sistema hídrico comunitario que le proporciona el recurso, a cinco dólares el metro cúbico. Con esa agua ha podido regar y mantener vivas las plantas de tomate, que ya muestran frutos verdes, mientras llega la estación lluviosa, en mayo.

Cuando acaben las lluvias y llegue la temporada seca, en noviembre, el agricultor podrá mantener productivo su sembradío, gracias al agua acumulada en el tanque.

Pero Castillo también se podría ver obligado a echar mano del tanque durante los periodos de sequía incluso en la época lluviosa.

En la canícula de julio, los campesinos pueden pasar sin lluvias por más de 20 días, explicó a IPS el agroecólogo Arturo Amaya, responsable de la finca escuela que la mancomunidad sostiene en Candelaria de la Frontera.

Desde 2017, la finca es un campo demostrativo de producción agroecológica. Ahí llegan las familias campesinas, de los municipios involucrados, a aprender las diversas técnicas para cosechar con abonos orgánicos y otros bioinsumos, producidos ahí mismo.

También ahí se enseña cómo se construyen los tanques como el instalado en la propiedad de Castillo. A la finca también llegan miembros de organizaciones ecologistas y estudiantes, entre otros grupos.

“Una de las principales políticas de la mancomunidad es la promoción de hambre cero, es decir, desarrollar la seguridad alimentaria y nutricional con la producción de alimentos desde un enfoque de conservación del medio ambiente”, señaló Amaya.

Salvando al río Lempa

La mancomunidad, nacida en 2007, es un ente autónomo surgido de la necesidad de los gobiernos locales fronterizos de generar programas y acciones que alivien las condiciones socioambientales en los territorios, explicó a IPS el gerente general de la iniciativa, Héctor Aguirre.

El componente hídrico es clave en las acciones de la mancomunidad, y el eje central gira en torno al río Lempa, cuyo recorrido de 422 kilómetros inicia en las montañas de Chiquimula, donde nace, en el este de Guatemala; penetra el sur de Honduras y luego entra a El Salvador y lo atraviesa de norte a sur, hasta desembocar en el océano pacífico.

La importancia del Lempa radica en que es el principal motor de energía, al mover las turbinas de presas hidroeléctricas, y es también fuente de desarrollo agrícola, ganadero y de agua para millones de personas en esos países, pero sobre todo en El Salvador. Del recorrido del río, 85 %  transcurre en este país.

Sin embargo, el afluente enfrenta problemas de contaminación y sobreexplotación.

“En esta región compartida por los tres países hay una considerable producción de agua pero también hay dificultades para poder sacar adelante a su propia población”, acotó Aguirre.

Con proyectos como el de la cosecha de agua, se ha podido enseñar a las familias campesinas que el recurso hídrico puede ser reutilizado en la producción agrícola, especialmente la hortícola, y de ese modo los territorios se vuelven resilientes ante las condiciones climáticas del corredor seco, precisó Aguirre.

Los diferentes programas se financian a través de tres vías: los municipios que participan pagan una cuota mensual, también hay fondos de la cooperación internacional con los que se impulsan los diferentes proyectos y, además, la institución brinda servicios a los gobiernos locales asociados, como la creación de carpetas técnicas o el diseño de proyectos.

“La suma de estos recursos nos permite prestar un servicio integrado, estructurado y sobre todo armonizado como una acción desde los gobiernos locales”, sostuvo Aguirre.

Los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador impulsan en paralelo un programa de desarrollo similar, llamado Plan Trifinio, en alusión al punto geográfico donde se juntan las tres fronteras.

Sin embargo, esos planes están sujetos a los vaivenes políticos de siempre y dependen de la visión ideológica del partido que esté al frente del Ejecutivo de esas naciones, con lo cual los programas se vuelven inestables, comentó Aguirre.

Mientras que en la mancomunidad, todos le apuestan a un mismo fin.

Para el caso, Carlos Portillo, alcalde de Esquipulas, en el este de Guatemala, recalcó que como municipio están buscando opciones, financieramente viables, para tratar las aguas residuales generadas por esa localidad, a fin de evitar que sigan contaminando al Lempa.

“Queremos apoyar en la búsqueda de soluciones que eviten la contaminación de estos importes recursos hídricos”, subrayó Portillo a IPS, durante un encuentro en el que participaron alcaldes de los tres países, agencias de cooperación internacional y grupos ambientalistas.

La reunión, organizada por la mancomunidad, se celebró en San Salvador, el 14 de marzo.

Agua para todos

Otro proyecto importante en el que participó activamente la mancomunidad fue la instalación de un tanque de distribución de agua potable que lleva el recurso a un centenar de familias, que antes carecían de ese beneficio, en el caserío Cristalina, siempre en la jurisdicción de Candelaria de la Frontera.

El proyecto, iniciado en noviembre de 2019, dio paso a la conformación de la Junta de Agua de ese asentamiento rural, dedicado a la agricultura de subsistencia.

Esas juntas son organizaciones comunitarias que montan su propio sistema de agua, dado que el gobierno central no logra llevar el servicio hasta estos caseríos remotos. Se calcula que hay unas 2500 de esas estructuras en todo el país, que proveen del servicio a 25 % de la población, es decir, alrededor de 1,6 millones de personas.

En la construcción del sistema participaron la FAO y los ayuntamientos de las ciudades españolas de Barcelona y Valencia, entre otras instituciones.

En Cristalina, el agua se bombea desde un pozo a un tanque con capacidad para 25 metros cúbicos, encaramado en una plataforma de 20 metros de altura y sostenida por ocho pilares de cemento. Desde ahí, llega por gravedad hasta los grifos de las familias, que pagan unos siete dólares por 13 metros cúbicos al mes.

“Aquí tenemos pozos artesanales, pero ya no dan abasto, y cuando vino el proyecto de agua nosotros encantados de la vida, porque ya íbamos a tener agua todo el tiempo”, contó a IPS Gladis Chamuca, residente de Cristalina.

Chamuca, de 57 años y dedicada a los quehaceres de su casa, dijo que la vida es más fácil cuando el agua llega directamente al grifo.

Su vecino, Juan Flores, añadió que el sistema ha funcionado muy bien hasta el momento, gracias a la buena coordinación y comunicación que tienen los miembros de la junta, de la cual él es el presidente.

Además de desempeñar ese rol, Flores, de 72 años, se dedica a la porcicultura, y con el excremento de los cerdos produce abono que aprovecha en sus huertos de tomate y repollo.

“Aquí es una zona de horticultura: chiles, pepinos, tomates, y la gente me está preguntando por el abono, porque es cien por ciento orgánico”, narró.

Para todo eso, el agua ha sido clave, afirmó.

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Abril, 2025